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REALIDADES DEL AMOR (55)

No busquéis rastro alguno de nosotros,

pues nuestro rastro es el no-rastro.


En la vecindad de su amor, fuimos cautivos

algún tiempo en el tiempo del no-tiempo.


Durante muchos años apuramos el vino en compañía del Amigo,

a solas, en el lugar del no-lugar.


Siendo el silencio el fin de la palabra,

escucha de la lengua del que no tiene lengua:


“¡Levántate! No te quedes en medio.

Para que entre en tu casa el que es Aliento de la Vida”.

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