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EL AMOR Y LA PASIÓN

Un aprendiz desalentado, con ardor y suspiros,

pedía ayuda a un maestro de corazón consciente,


diciendo: “¿Qué es amor, qué es esta fábula?

¿Dónde está su camino, quién es su caminante?


Son muchas las palabras llenas de enigmas y secretos,

pero no encuentro a nadie que ilumine mis dudas.


Nadie ha sido capaz de alumbrar los misterios del amor,

¿qué papel tiene en esto la pasión?


Revélame el secreto del corazón y del amor,

dime qué es la pasión, qué significa”.


* * * * *


Cuando empezó el maestro a contestarle

se convirtió en aquel que aparta el velo del misterio,


y dijo así: El amor fue la esencia del Aliento creador, 

el amor fue el tesoro de este soplo divino.


Son muchos los niveles en la obra del amor

y no todos son dignos del amor.


Desde el principio, la pasión se convirtió en parte del amor

y en el reino del corazón se hizo un río de amor.


La pasión es un río, el amor es un mar

en el que muchos ríos desembocan,


pero hay otros muchos ríos

que hunden sus cabezas en la estéril salina.


Son muchos los amores que son falsos

y, aunque sean bellos, son un juego.


La pasión puede entrar en el tratado del amor,

pero no puede entrar en lo más puro del amor.


La pasión es lujuria, discurso vano y negación,

la pasión es la obra del ego y del deseo.


El instinto es su base,

miles de formas diferentes adopta la pasión.


* * * * *


A veces se disfraza de animal,

pues lo más primitivo es la bestialidad.


El que se envileció con la pasión, igual que un asno,

envilecido por sus vicios, adora la lujuria.


A veces, este hipócrita vicioso

se hace un hábil fanático.


Como los gallos, baja la cabeza

y se finge un sincero enamorado.


Al contrario que el asno, él no busca poder

ni sufre la ceguera de la pasión.


¡Qué alegre, qué galante, qué coqueto!

Desplegando sus plumas, expresa su indigencia.


Si la pasión se basa en las caricias y en la gallardía,

un falso amor la calma. 


* * * * *


Hay muchas formas de amor falso,

hay muchos juegos y palabrerías.


Por ejemplo, el amor del ruiseñor

cuando se finge enamorado de la rosa.


Su amor no es puro ni es sincero,

no es un enamorado fiel ni tierno.


Noche y día revela sus secretos

a través de su canto, en todas partes.


Los verdaderamente enamorados no se fijan en él,

cuando, alejado de la flor, levanta ardor y escándalo.


Porque sus gritos y suspiros muestran su inmadurez

y son un deshonor ante los ojos de los enamorados.


La rosa siente miedo del ruiseñor borracho,

porque su amor no es sólo para ella.


Su corazón y su mirada buscan

cualquier flor que aparezca en cualquier parte.


Se sienta en su regazo, flirteando,

y revela a un capullo sus misterios, sus ansias.


Al alba, la eglantina posee su corazón

y, con miles de argucias, de amor habla.


Pero, al atardecer, vuela despreocupado

y empieza a desgarrarse el pecho, cantando, en otra rama.


Falto de ardor y de paciencia,

su canto es un engaño.


Falso es este amor, sin fruto alguno,

porque el ruiseñor busca solamente el color y el olor de las flores.


* * * * *


El amor de la flor es también falso,

carece de fervor y de arrebato, de rapto, de misterio, de secreto.


La flor anda buscando un robacorazones juguetón,

y la brisa del alba ignora su secreto.


Con aroma agradable, con el color del rostro

atrae a su propio zoco a la brisa del alba.


Con argucias y juegos revela su hermosura,

pero en cientos de hojas oculta a la pasión.


Si la brisa del alba se agita y se enloquece,

pronto será atrapada por la flor con cientos de artimañas.


Desgarra su garganta por amor a esa flor

y, buscando su unión, penetra en el jardín.


Pero tampoco es éste el final del amor,

pues se trata tan sólo de un juego de pasión. 


El que la flor se inquiete por un soplo de brisa,

por la brisa del alba que la agita y la enloquece.


También él es cautivo del engaño y de la hipocresía,

la pasión es la guía de esos falsos amores.


Si no hubiera pasión, tampoco habría engaños,

ni la brisa del alba sería seducida por las flores.


Cuando el enamorado desgarra sus vestidos,

trae a la hipocresía al zoco del amor.


Escándalos y gritos son falsedad y engaño,

pues el amor no es una trampa, no es cazador ni es caza.


Nada vale el amor de la flor o la brisa,

para el enamorado que de verdad es libre, no vale nada la pasión.


* * * * *


Otra forma de amor son los escándalos que arma la mariposa,

de quien dicen que pena enloquecida.


Cuando percibe el fuego del rostro de la vela

se va a ella volando desde cualquier lugar


y se arroja en la llama hasta perder la vida,

dando su dulce vida a la bienamada.


Sin embargo, tampoco éste es un amor puro,

porque está iluminado por la hipocresía.


Cuando entrega su vida a esa bienamada,

se envanece ante todos con una lluvia deslumbrante. 


Pero al alba, de pronto, con presunción, escándalo y malicia,

la mariposa vuela hacia la rosaleda.


No está loca de amor, no ama a uno solo,

pues, dentro del jardín, también se vuelve ebria.


De día ama a la flor

y de noche se inquieta y arde por la llama.


Este amor no es amor en el mundo de los enamorados,

pues el amor que es puro está libre de engaño.


* * * * *


Hay otra imagen del amor: la vela,

la vela cuya llama de amor sólo reside en su cabeza.


Como el sincero enamorado, la vela busca la Verdad

y se quema en el fuego de la impaciencia y del ardor.


Fraguando en su cabeza el deseo de amar,

pasa la vida entera pensando en el amor.


En el candil de su cabeza, arde continuamente ese deseo,

pero su corazón está triste y helado.


En su cabeza se ve el fuego,

pero su corazón oculto está apagado. 


Es un enamorado que parece un filósofo

cuando busca al Eterno con la luz de la mente.


Ignora que el camino y el que guía

es el fuego interior, no la pasión que arde en su cabeza,


que sólo con amor de corazón se recorre la senda,

y que de nada vale que se queme su vida.


* * * * *


Otra forma de engaño muy sutil

es el amor sincero del hombre y la mujer.


En este amor se quiere con el alma,

atado el corazón a la persona amada y deseándola.


Palabra, pensamiento y esperanza buscan sólo la unión,

sólo su imagen vive en su recuerdo.


Sin embargo, ese amor perece con el tiempo,

y nadie encuentra en él verdadero sosiego.


Cuando el amado muere,

ya no valen suspiros ni lamentos.


Aunque ese amor es elevado,

¿cómo podrá ser digno de un libre enamorado?


* * * * *


Muchos son los amores que son falsos,

y sólo son pasión, no el amor verdadero,


pero con ellos puede hacerse una escalera

para entregarse a la tarea del corazón y del amor.


Pues a veces el ansia y la paciencia de esos amores falsos

pueden ser instrumento de purificación para el amor.


Cuando el enamorado escapa de la trampa

de la pasión, no hay nadie que le iguale en este reino. 


Cruzar los siete cielos en un soplo

para alcanzar el valle de los que perdieron el corazón;


unirse a Dios, originando

en todo la ebriedad,


y convertirse en un enamorado sincero y abrasado

e iluminar el corazón en este mundo de los ebrios,


todo esto es posible por el designio del amor,

si el corazón se vuelve ebrio y enloquece de amor.


El amor verdadero no es el falso,

pues libre está de engaño, de codicia y suplicio.


El amor verdadero ya no tiene ser propio,

es todo ardor, locura y ebriedad.


Si encuentras el camino que conduce hasta el reino del corazón,

tu alma conocerá el amor del sufí.


De todos los amores, éste es el más alto,

algo que debes ver para entender.


Porque el sufí no canta igual que el ruiseñor,

su pena está en su corazón, pero sus labios están mudos.


¿Cómo podrá volar de una rama a otra rama,

si su único objetivo es una sola Kaaba?


Su corazón no es como la flor, atada a colores y olores,

pues el ser sin color es su color.


Y tampoco es hipócrita, como la mariposa,

porque a nadie dirige su mirada.


Su amor y ardor no están, como la vela, en su cabeza,

porque es su corazón el que está ardiendo e ilumina su alma.


El corazón del sufí libre sólo está con Aquel

por quien está perplejo y aturdido.


No hay signo alguno de su Esencia en sus manos,

y está su corazón ebrio del vino de sus Atributos.


Feliz con su cariño, con su favor y con su cólera,

feliz con Él, aunque le abrase el fuego.


No le pide al Amado ni este mundo ni el otro,

no necesita hablarle ni tiene nada que decir.


Aquel que es Dueño de su corazón es Eterno y Subsistente,

y por eso este amor aumenta día y noche.


Ese sufí consigo mismo ha roto

y, libre de ambos mundos, con su Amado se ha unido.


Con su Señor se ha vuelto íntimo

y su Señor le guía hacia la Verdad.

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